¡Qué pasó chico! Los amantes de lo exótico, la salsa, lo histórico y del buen ron eligen a Cuba como el destino que ofrece todo eso, ante tantos motivos el presentador de OyeTV, Mauricio Herrerabarría, decidió irse de vacaciones hacia esta hermosa isla caribeña, pero el paseo se convirtió en una experiencia de vida terrorífica.
Y fue el propio presentador quien narró la situación vivida en Cuba, donde se dejó llevar por la amabilidad de uno lugareños del malhechores y al concurrir a un legendario lugar de salsa (Palacio de la Rumba) se integró a un grupo de guaracheros, confió en ellos, y una de estos acompañantes le hurtó su cámara  y su bolso.

Ante esto el panameño intentó interponer la denuncia ante la policía cubana, pero decepcionado por la respuesta que le dieron se encuentra a unos lugareños en las calles y le aconsejan que sí sabían quién era la chica que le sustrajo sus pertenecias  y que le llevarían hasta la casa de la muchacha que le llevó sus pertenencias y confiando en la buena fe que le tenía el grupo se deja llevar en un auto hacia un destino desconocido, al percatarse de que se lo llevaban hacia un lugar inhóspito entre mar y selva pidió parar para orinar y sin pensarlo dos veces se lanzó del automóvil.
Entramos en un túnel subterráneo y es ahí donde me doy cuenta que la noche no iba a terminar de la manera como pensaba, que la misión de estas personas era hacerme daño, callarme para que no hiciera una denuncia y así no perjudicar a su familia/amistad.

Lágrimas corrían por mi rostro, el nerviosismo y la fría pared de acero que es enfrentarse a la verdad de la muerte. Veo a mi alrededor y no existe más que oscuridad, la masa negra que era el mar a mi izquierda y lo intangible de la selva a mi derecha, estaba en una autopista, hacia Cojimar me dijeron, una pequeña villa pesquera al este de Habana, apartada y cero cercana como me habían dicho al montarme en la ‘máquina’ (como le conocen los cubanos a los hermosos carros cincuenteros de seis cilindros).

Y como verborrea emanando de mi boca les digo que necesito orinar, que si no paran el auto me orino encima. Se detienen y abren la puerta. En medio de la absoluta oscuridad hago mis necesidades y vuelvo al asiento trasero del auto, esta vez sentado en el asiento de la ventana – ahora que recapacito las cosas me doy cuenta de lo maravilloso que es el cerebro, la intuición y el sentido de supervivencia humano: inconscientemente mi cuerpo pidió salir a orinar pero en realidad fue una forma de ganar ventaja y sentarme cerca de una oportunidad de escape más cercana, la puerta del auto” narró el presentador en su blog.

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